Las virtudes y (por supuesto) los vicios del “chucu-chucu”

Publicado originalmente en RBMA Radio Panamérika el 19 de junio de 2014.

“El pueblo de Cali rechaza a Los Graduados, Los Hispanos y demás cultores del sonido paisa hecho a la medida de la burguesía, de su vulgaridad”. Así rezaba un manifiesto que el escritor Andrés Caicedo puso en manos de los protagonistas de su novela Que viva la música.

Ese texto de 1977, cuya versión extendida sería impresa y fijada en muros de la vida real, manifestaba el rechazo a los sonidos tropicales que la gran industria musical impuso en Colombia en los años 60 y 70. La sencillez del ritmo y del baile, basado en la cumbia y el porro, le valió a ese movimiento el éxito de generaciones bailadoras, pero también el exagerado desprecio de intelectuales (y muchísimos más intelectualoides) que por entonces apreciaban géneros musicales de interpretación, baile o escucha de mayor complejidad: jazz, salsa, rock, lo que fuera, pero nunca eso otro.

La condena exterior o la sencillez misma pudo darle a aquello un bautizo: “raspa”, “chucu-chucu” o “sonido paisa”, debido a que su discografía fue grabada mayoritariamente en Medellín. Y la frontera de aquello que recibió esas etiquetas no es fácil de trazar, así que convengamos acá que el concepto alude a música tropical que al igual que la Colombia de esos años, se urbanizaba, interpretada por artistas como Los Golden Boys, Los Teen Agers, Los Hispanos, La Integración o Pastor López.

Pero lo anterior no precisa el límite: si López era venezolano, bien cabrían los sonidos de sus paisanos Los Melódicos o La Billo’s Caracas, afines pero nacidos en otro tiempo y lugar en un destino idéntico al de Los Hermanos de La Hoja (argentinos), Los Wawanco (centroamericanos) o el Trío Huaricancha (peruanos). Ni se diga del hecho que aquel repertorio incluye adaptaciones de sonidos que aunque cumbieros, nacieron lejos de Colombia: “Cariñito”, “El cuartetazo”, “Colegiala”, “Los cien años de Macondo”…

Las raíces mismas del movimiento podrían remontarse a los años 50, cuando Fuentes se trasladó a Medellín y con otros sellos fundados poco antes como Sonolux, Codiscos o Victoria convirtió a esa ciudad andina en la capital discográfica de Colombia. La coyuntura serviría para que músicos de la costa migraran para mezclar buena parte de sus aires campesinos con las inquietudes sonoras de músicos y oyentes del interior.

En el catálogo de Discos Fuentes bien puede percibirse ese viraje: a medida que avanzan los años 60, corraleros y pelayeros van cediendo el éxito a nuevos proyectos que “cachaquizaban” y si se quiere, simplificaban el sonido tropical. Para los años 70 las ventas y la popularidad de “los nuevos” es indiscutible y no sólo trascurre en los estudios de Fuentes, ya que en otras casas de Medellín se haría historia con Los Graduados, Noel Petro, Los Black Stars, Alcides Díaz, El Combo de Las Estrellas o Manduco.

La convivencia con otros movimientos musicales haría que como años antes, el chucu-chucu cediera el paso a otras novedades. No vivió lo suficiente Andrés Caicedo para ver como niches y guayacanes (y para su probable pesar, orozcos y diomedes) se convertían en los reyes de la música tropical de los 80. Pero al acabarse el siglo, la industria musical colombiana decidió apostarle a la fórmula fácil de regrabar los clásicos del chucu-chucu. De la nada despegaron nuevos cantantes que interpretando mosaicos de los mayores, harían una fama que perderían tan pronto se agotó el cortoplacismo de sus discograficas. Entre tanto, el chucu-chucu hallaba una segunda oportunidad para hacer más perdurable su memoria. Y es justo no negar que Fuentes hizo mucha plata en ambos frentes.

Clásicos del chucu-chucu made in Fuentes:

La cinta verde – Los Teen Agers con Gustavo Quintero (1961)

El pirulino _ Los Golden Boys (1966)

La pata pelá – Los Teen Agers con Vicente Villa (1967)

Así empezaron papá y mamá – Rodolfo con Los Hispanos (1969)

Adonay – Rodolfo con Los Hispanos (1970)

La suegra – Rodolfo con Los Ídolos (1971)

La danza de los mirlos – Afrosound (1973)

El cuartetazo – Los Hermanos de La Hoja (1975)

Morena de quince años – Joe Rodríguez y Joe Arroyo (1976)

La casa de Fernando – Joe Rodríguez y La Integración (1976)

Traicionera – Pastor López (1978)

Se me perdió la cadenita – Lucho Argaín con La Sonora Dinamita (1978)

El pávido návido – Trío Huaricancha (1979)

Tabaco y ron – Rodolfo y su Típica RA7 (1979)

Maruja – Lucho Argaín con La Sonora Dinamita (1979)

Las caleñas – Pastor López (1979)

Colegiala – Rodolfo y su Típica RA7 (1980)

Boquita de caramelo – Rodolfo con Los Hispanos (1981)

Golpe con golpe – Pastor López (1982)

Amor por computadora – Rodolfo Aycardi (1983)

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